Pasatiempos, de Manuel Calvarro

Exposición Pasatiempos, de Manuel Calvarro, comisariada por Laura Calvarro. La inauguración se celebrará el próximo jueves 21 de agosto, a las 20:00 h, en la Sala de la Provincia, situada en Avda. Martín Alonso Pinzón nº9, Huelva.

 

- Hay artistas cuya obra se despliega como una constelación: múltiples puntos, aparentemente dispersos, que solo al observar con calma revelan un mapa coherente, íntimo, potente. Así es el universo de Manuel Calvarro. Esta exposición de sus últimos dibujos, Pasatiempos, es una invitación a recorrerlo sin prisa, dejándonos llevar por la sensibilidad, por el asombro. Porque solo al mirar con atención, al detenernos en los detalles, accedemos a lo más esencial: su mirada sobre el mundo.

Hablar de Manuel Calvarro es hablar de libertad. De una libertad sin etiquetas, sin justificaciones, sin mapa. Una libertad radical, que se niega a obedecer las expectativas. Como si cada obra fuera una prolongación directa de su forma de ser: curiosa, generosa, irreverente. Su obra no se acomoda a las vitrinas ni a las líneas rectas del discurso académico. Su apuesta es el trazo suelto, la madera sin pulir, el color sin miedo, la forma que se desborda y se deforma porque sí, porque me gusta.

Pero esa libertad no es solo estética: también es vital. Hace tiempo, Manuel decidió dejar atrás la ciudad y refugiarse en el pueblo, en Cabezas Rubias, donde vive, trabaja y respira con la calma de quien ya no corre ninguna carrera. Ni por premios, ni por exposiciones, ni por aplausos. Una elección que parece simple, pero que es profundamente política: huir del ruido del ego, del cansancio del circuito, para reencontrarse con lo esencial. Para volver a escuchar el silencio que hay antes del trazo y dentro de uno mismo.

Su trabajo, surrealista y cotidiano, tierno y bruto, está repleto de guiños: a la naturaleza, a lo cotidiano, a lo fieramente humano. Sus volúmenes polícromos están preñados de locura, de calidez. En el mismo papel puede mezclar un perro con una escalera, una virgen con una peonza, un cactus con una canción, y todo cobra sentido —o mejor dicho, sentido del suyo—. Porque no busca gustar. Busca decir. O más bien, jugar. El suyo es un arte que no pide permiso. Que se lanza como quien se tira a una cuesta abajo en bicicleta, sin frenos, con el viento en la cara y Extremoduro en los oídos.

Manuel lo sabe mejor que nadie: todo empieza con el dibujo. Con ese gesto primario, anterior a las palabras. Como cuando éramos niños y creábamos mundos con un lápiz sin pensar en exposiciones ni críticas ni públicos. Para Manuel, dibujar no es una técnica: es una forma de estar vivo. Una manera de pensar con la mano. Y también, de resistirse. De negarse a dejar de jugar, con una sabiduría extraña, nada solemne. Una sabiduría que no se aprende en los libros, sino viviendo con atención, escuchando lo que no se dice, observando cómo caen las cosas cuando las sueltas. Lo lúdico no como adorno, sino como método. Como brújula. Como acto de fe.

Al entrar en esta exposición os asomáis al abismo de un mundo sin moldes. Un mundo donde el arte no se separa de la vida, ni la poesía del esputo. Donde todo se construye desde el deseo de crear, sin domesticar la intuición. Un mundo que Manuel ha sabido proteger a conciencia, retirándose del ruido para seguir siendo fiel a su duende y a su quejío.

Y eso, hoy en día, no es solo un lujo. Es, directamente, un acto insumiso.-

 

Marcos Gualda

 

Esta exposición permanecerá abierta del 21 de agosto al 13 de septiembre, en horario de 10:00 h a 14:00 h y de 17:00 h a 21:00 h de lunes a viernes y de 10:00 h a 14:00 h los sábados.

 

-No hay nada que disfrute más que una exposición que
recopile una parte importante del trabajo de un artista. Solo así podemos entrar de lleno en su universo, y si estamos abiertos a ello, entender de verdad qué nos quiere contar, y cómo. El contexto lo es todo. Con una curadora de excepción como Laura — que conoce la obra de Manuel como pocos—, creo que todos tendremos la oportunidad de paladear el trabajo de Manuel
Calvarro como nos merecemos.
En lo personal, algo que siempre me interesa en un artista es su capacidad de no repetirse, de no anclarse a una forma o estilo fijo. Lo veo como un acto de rebeldía, de amor, un salto al vacío. En un mundo regido por la lógica del mercado, eso es un sinsentido. Pero justo por eso, tiene más valor. "Camaleónico" es una palabra que bien podría definir a mi gran amigo Manuel Calvarro.
Manuel no responde a exigencias externas. Es un artista total: escultor, pintor, dibujante, poeta... Y en cada una de estas disciplinas se mueve con naturalidad, como pez en el agua. O como un niño que inventa un juego en el que él pone las reglas, sin preocuparse tanto por el resultado como por el camino. Poca gente recuerda lo que es enfrentarse al vacío. Y por eso pocos entienden lo valiente que hay que ser para tenerle tan poco miedo al blanco como lo tiene Manuel. Que no es poco miedo:
es ninguno.
En sus obras se adivina amor por su familia, por la naturaleza, por los animales... incluso por los objetos más cotidianos.
Su manera de investigar —que a veces recuerda a la pintura automática-, sus formas imposibles y sus colores vibrantes destilan un amor profundo por la vida.
Recuerdo muchas veces a Manolo dibujando en su sillón.
Porque si no está saliendo en bici o en moto, cortando leña, caminando por el monte (hiking, dirían algunos), restaurando algo, o construyendo cualquier artilugio a mano... está dibujando.
No se le conoce otro oficio que el de crear. Incluso cuando fue maestro escuela, seguro que lo fue con creatividad. No lo vi en clase, no tengo pruebas de lo que digo... pero tampoco tengo dudas.
Ahora solo queda disfrutar de esta exposición, como el niño que es Manolo disfrutó creándola.
Como dijo Mucho Muchacho: hecho, es simple.-

 

Seleka Muñoz

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